Antes de contestarse, salieron disparatadas a volar, sin ganas de tener que decidir entre una cosa y otra. ¿Acaso querían ser objetos de una "creación"?, no podían eludir así la pregunta, porque sabían que podían tomar una decisión, pero ¿ello sería correcto?.
Un caracol paseandero les dijo, "cualquier decisión es correcta, no importa la decisión que tomen, dudo que la hayan elegido.".
Un caracol paseandero les dijo, "cualquier decisión es correcta, no importa la decisión que tomen, dudo que la hayan elegido.".
Aceptaron la idea, casi al mismo tiempo que la deshecharon.
Las luciérnagas, vieron su cuerpo y comprendieron que estaban pegadas al ser, que de apagarse privarían al ser de lo que el ser es.
Pero, aún así, seguían sin saber porqué debían sostener al ser como era.
"Luciérnagas" les dijo el mosquito, "sin vuestra luz yo no sería nada, veo la noche, como un tiempo en donde la inmortalidad es movimiento de luces azarosas, que se riegan sobre el campo. Nunca advierto desde donde van a aparecer sus colitas mágicas, a veces verdes, otras amarillas. Encenderte baila, mágica lueciérnaga, no dejés de brillar jamás."
"Luciérnagas" les dijo el mosquito, "sin vuestra luz yo no sería nada, veo la noche, como un tiempo en donde la inmortalidad es movimiento de luces azarosas, que se riegan sobre el campo. Nunca advierto desde donde van a aparecer sus colitas mágicas, a veces verdes, otras amarillas. Encenderte baila, mágica lueciérnaga, no dejés de brillar jamás."
Escucharon al mosquito atentas y se quedaron un instante en silencio, hasta que la hiedra, les dijo: “¿para qué van a brillar? si no estan seguras, mejor deberían no hacerlo”
En eso intervino un pez, afirmando “Ey, también es válido al revés ¿para qué van a no brillar?”
Las luciérnagas, tomaron, finalmente una decisión, una volaría con la luz encendida, y la otra se mantendría apagada y durante un noche. Escogieron a su vez caminos diferentes.
Al día siguiente, el frío helaba el bosque de las acacias y la luciernaga apagada, agonizaba sobre la única rama seca que halló. La luciérnaga encendida, que no había pasado ni aventuras ni desventuras, vio agonizante a su amiga y la bendijo con las siguientes palabras "tu has de entrar en el fin, y yo aún soy el camino. Ahora también a ti, debo mi existencia. Tu eres lo que yo jamás habré de ser, hasta que deje de ser yo, querida amiga".
La otra respondió "no creas que no he echado luz, pero fue tarde, la vida ya me había abandonado, ahora se que vivo en ti, y ningún razonamiento me quitará de allí".
Se abrazaron hermanadas, hasta que la marcha detuvo la respiración de la luciérnaga que eligió ser oscuridad.
Hoy, desde el faro del bosque de las acacias, siento que no estoy frente al mismo bosque, que éste relumbra menos, invadido por nuevas sombras. Pero también puedo ver a la luciérnaga que lo revolotea, reafirmando la creencia popular de que el plan de Dios es brillante.
Extraído de "Recortes de diario de Wallace", y hallado misteriosamente en su maquina de escribir, el día del asesinato de su doble.
La otra respondió "no creas que no he echado luz, pero fue tarde, la vida ya me había abandonado, ahora se que vivo en ti, y ningún razonamiento me quitará de allí".
Se abrazaron hermanadas, hasta que la marcha detuvo la respiración de la luciérnaga que eligió ser oscuridad.
Hoy, desde el faro del bosque de las acacias, siento que no estoy frente al mismo bosque, que éste relumbra menos, invadido por nuevas sombras. Pero también puedo ver a la luciérnaga que lo revolotea, reafirmando la creencia popular de que el plan de Dios es brillante.
Extraído de "Recortes de diario de Wallace", y hallado misteriosamente en su maquina de escribir, el día del asesinato de su doble.
1 comentario:
me encantó este cuento. me lo voy a guardar. por las dudas.
Publicar un comentario